El mundo es cada vez más y más inasible; infinito como Dios y la locura de su Creación. Como si no bastase la demencial vastedad del firmamento, los hombres hemos creado universos en los que seguir extraviándonos; y la vez buscándonos.
Si los antiguos divagaban y se perdían entre los misterios monocromáticos y la magia concreta del ajedrez, hoy tenemos existencias paralelas en espacios virtuales que no cesan de multiplicarse. En ellos jugamos a dioses y demonios; movemos al planeta desde una pantalla y somos ubícuos. La Matrix es real, esa cosa existe.
Videmus nunc per speculum et in aenigmate. Vemos ahora a través del espejo y dentro del enigma.
Pero en eso, como no queriendo la cosa, aparecen tus ojos y la vida vuelve a resolverse en los acostumbrados sentidos; cuando mis manos recorren tu piel. Este y todos los universos –Dios mismo- pueden existir y seguir girando solo porque ya cumplieron su misión: éste instante.
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