lunes 5 de abril de 2010

La autonomía en el día después




Pablo Javier Deheza



Quedó atrás la jornada del 4 de abril y ganó Santa Cruz. Fue la victoria de todo un pueblo contra un proyecto hegemónico, autocrático, exclusivamente aymarista, abusivo e intolerante; eso es algo que está mucho más allá de cualquiera que hubiera sido el eventual candidato –en esta ocasión fue Rubén Costas- en torno al cual se catalizó esa voluntad.



Desde ahí es que ahora nos toca empezar a construir una autonomía seria y para todos. Nos quedan muchas tareas hacia adelante. Nuestra autonomía tiene que ser incluyente: los cruceños tenemos que darnos a nosotros mismos una gestión departamental para todos. Es necesario que la visión y el discurso de la institucionalidad cruceña empiecen a asumir como propios a los otros también cruceños que no viven dentro del segundo anillo y que constituyen un punto ciego para su comprensión de nuestra realidad. ¿En qué momento –por ejemplo- la problemática del Plan 3000 o de los cocaleros de Yapacaní son también la problemática de la Gobernación y de esa institucionalidad?



Necesitamos imponernos la tarea de hacer que nuestra Gobernación nos entregue una gestión transparente. Necesitamos plantearnos nosotros mismos cuáles van a ser nuestros mecanismos de control social para que éstos ni sean copados y ejercidos arbitrariamente por el poder central, ni sean neutralizados y soslayados por el poder local. Hagamos de la práctica de la autonomía un ejemplo de bienestar y transparencia. ¿Puede hoy un cruceño de a pie tener acceso a las cuentas de su Gobernación para verificar por sí mismo cómo se manejan nuestros recursos?



Necesitamos darnos un nuevo horizonte político como departamento en nuestra relación con el Estado boliviano. No es posible seguir comprendiendo al Estado boliviano como algo que nos es ajeno, cuando Santa Cruz aporta con el 33% del PIB. Es nuestro Estado boliviano, porque también lo solventamos nosotros y con mucho. Por eso es imperativo replantearnos nuestras expectativas y nuestra visión respecto al Estado boliviano; es preciso trabajar nuestro entendimiento acerca de cuál es el rol que queremos para nosotros mismos y nuestra relación con el resto del país; qué queremos aportar y qué es lo que nosotros esperamos. ¿Tienen en claro nuestra gobernación y nuestra institucionalidad qué quiere y hacia dónde va Santa Cruz? ¿Qué entienden por Santa Cruz?


Tendremos los cruceños que encontrar también las maneras de ponernos de acuerdo sobre cuál es el rol que esperamos de nuestra Gobernación y de nuestra institucionalidad al momento de asumir las autonomías. Tendremos que darnos respuestas probablemente duras pero honestas acerca del tipo de institucionalidad que habremos de construir para llevar adelante el proceso autonómico. ¿Seguimos necesitando una institucionalidad exclusivamente corporativa a contramano con el espíritu democrático de la autonomía? ¿O es que vamos a construir una Santa Cruz autonómica solo para algunos? ¿O nuestra autonomía no tiene una genuina, profunda y seria convicción democrática?



Necesitamos darnos una gestión en nuestra Gobernación que acerque a los ciudadanos las decisiones que hacen a la definición de presupuesto, obras y las tareas a ejecutarse y priorizarse. Que no sean tres burócratas y un empresario los que decidan entre cuatro paredes cómo y en qué se han de invertir los recursos que son propios de todos nosotros, los cruceños. ¿Alguien sabe hoy cómo se asigna el presupuesto de nuestra Gobernación? ¿Cómo participa la ciudadanía en la definición del gasto público?


La autonomía es un cambio que queremos y que necesitamos; éste no llegará sin varios otros cambios previos y otros en el camino: es un cambio que trata de una sumatoria de cambios. No podemos esperar que todo este proceso sea algo que el poder central nos lo dé pensado, comido y digerido; tampoco podemos esperar que los del poder local –logios, cófrades y grupos económicos corporativos- suelten fácilmente sus espacios y los entreguen a la ciudadanía. Inevitablemente, la autonomía es una recuperación del poder por los ciudadanos y a favor de los ciudadanos respecto de las estructuras de poder central, pero también respecto de las otras estructuras de poder locales que tampoco son democráticas y que tampoco son saludables para nosotros como sociedad. En esto también deben ser protagonistas todos los hasta ayer candidatos, le deben al menos eso a la gente que los respaldó con su voto.



La autonomía es una esperanza, y una esperanza que los cruceños tenemos que ir construyéndola para nosotros mismos a punta de compromiso y asumiendo nuestras responsabilidades. La autonomía implica el acercamiento del manejo de la cosa pública a los ciudadanos; eso quiere decir que precisamos practicar una ciudadanía más plena, que necesitamos dotarnos de una cultura ciudadana más participativa para sacar lo mejor de la misma. La autonomía tendremos que sudarla.

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